Chavalas, chavales

Chavales y chavalas recorriendo la ciudad aplastando sus costillas contra muros. Motores y leds apagando sus sentidos, coma inducido a la sensibilidad… Sentir que son más de lo que pueden demostrar con sus vida, qué mierda dibuja el día a día, qué estúpido uniforme vestirán, bebiendo el elixir de la funcionalidad en una época bastarda con ínfulas de éxtasis ¿la suerte de estar ahora aquí? el hombre blanco otorgando falsos pedigrís para un mundo que es su engendro y su reflejo. Viejos juzgando a jóvenes. Luces navideñas conectando migrañas. Difícil lectura de una vida gris. La ignorancia como nunca ignorada.
Las calles de los barrios ensucian y aceleran la inercia un cierzo cargado de electricidad. Calima financiera, bóveda que delinea vidas de mierda. Aspirar a ser snob mientras respiran smog. Huir hacia dónde, dejando qué atrás. Huyen, algunos huyen sin saber que no solo prostitutas se prostituyen.
El enemigo es tan grande que perdió las formas. No hay Fujur ni Atreyu en el bucle de esta historia. Nacidas ya en colonias territorio de la nada, tras el naufragio, tras la frontera que avanza. Chavales, chavalas, buscando identidad, rastreando la ciudad tras la pista de algo auténtico. Alcantarilla perfilada por un haz de luz, un sonido que les cubra las espaldas. Una brizna de algo en esta fábrica de agujas, la fortuna de verse entre iguales. Oasis de confianza y rebelión. Equilibrio compartiendo lenguajes. Chavales, chavalas, creciendo oyendo sin parar que lo han tenido todo tan fácil. Piensa en dinero y mantente dócil, difícil resistir la invasión de un mundo imbécil.
La ciudad ya no es un lugar, es un estado mental a duras penas compartido. Es un mercado de esclavos comprando sueños, ensayando simulacros de autenticidad. Es un rito iniciático que nunca parará, palacio de espejismos, espacio vacíos, donde la juventud es un divino tesoro a saquear. La ciudad ya no es un lugar, son estructuras brutales entre prados de requiem. Frías luces entre sombras empastadas. Juventud callejera, silueta encapuchada. Nacer en mundo ajeno como perro encadenado. Un cinco en el dado y a tirar de laberinto. Soltando hilo entre mitos y delitos. Hacer fuego, abrir hueco, a ver si pasa algún camino.
Anochece enseguida bajo un aguanieve que el cuello acuchilla, y a la vuelta de la esquina solo esquinas. Ganan los charcos el pulso a los zapatos de camino hacia una casa sita en Guatepeor. Allí habita el fantasma del patriarcado, allí corroe la lluvia de la mierda del trabajo, allí el pasado respira por el vado de la herida y la familia pone marco a la soledad.
La ciudad ya no es un lugar, es un estado mental a duras penas compartido. Es un mercado de esclavos comprando sueños, ensayando simulacros de autenticidad. La ciudad ya no es un lugar, sucia interferencia que hacinando nos aisla. La ciudad ya no es un lugar. Es el hormigón que separa a las hormigas.

“Chavales, chavalas” contiene samples del tema “The fall” de Blake Leyh.

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